Mariano Boloix y de Jorge

Mariano Boloix y de Jorge (1878 — )

Nació en Montilla, hacia 1878. En su hoja de ser­vi­cios, fir­mada el 14 de sep­tiem­bre de 1909 en Palencia, se hace cons­tar que tiene 31 años1 .

La titu­la­ción que aporta es la de Maestro de Primera Enseñanza Superior, de acuerdo con el Plan de 17 agosto de 1901, con título expe­dido el 10 de junio de 1904. Se mues­tra como un experto en Dibujo, asig­na­tura en la que ha obte­nido las mejo­res cali­fi­ca­cio­nes, y tam­bién deri­vado de sus estu­dios en la Escuela de Bellas Artes de Córdoba. Su publi­ca­ción cono­cida, tal y como puede com­pro­barse en la reseña biblio­grá­fica que acom­paña esta pre­sen­ta­ción, está pre­ci­sa­mente dedi­cada a los tra­ba­jos manuales.

La expe­rien­cia pro­fe­sio­nal del pro­fe­sor Boloix des­borda el ámbito de la ense­ñanza. Ha ejer­cido labo­res admi­nis­tra­ti­vas como meri­to­rio en el Ayuntamiento de Córdoba (1893), como escri­biente de la Junta pro­vin­cial del censo elec­to­ral de Córdoba (1897−1898), y tam­bién auxi­liar de pri­mera clase en la Sección del censo elec­to­ral de su pro­vin­cia natal (1902−1903) y ama­nuense del censo elec­to­ral en 1903 – 1904.

Su pri­mer puesto docente es el de pro­fe­sor pro­vi­sio­nal de Pedagogía de los estu­dios ele­men­ta­les de la Escuela Superior de Maestros de Valladolid, tomando pose­sión de dicho cargo el 1 de abril de 1904 (nom­bra­miento de 10 marzo). Se incor­po­rará a nues­tro Instituto, para los mis­mos estu­dios, el 8 de mayo (nom­bra­miento de 10 de abril). Tras estos bre­ves perio­dos en Valladolid y Palencia regresa a Córdoba, ejer­ciendo de auxi­liar pro­vi­sio­nal de la Escuela Superior de Maestros de Córdoba, tomando pose­sión de su cargo el 1 de julio de 1904 (nom­bra­miento 8 de junio). Alli, fue Secretario pro­vi­sio­nal de la Escuela Normal Superior de Maestros de Córdoba (1 julio a 25 de octu­bre de 1904).

Volverá al Instituto de Palencia en ese mismo año de 1904. Su toma de pose­sión es de 11 de noviem­bre (nom­bra­miento de 15 de octu­bre) y desem­pe­ñará ese cargo hasta el 13 marzo de 1907, fecha en la que toma pose­sión el pro­fe­sor pro­pie­ta­rio. De Palencia mar­chará a San Vicente de Alcántara (Badajoz) para impar­tir clase en la Escuela de Niños por un breve periodo de tiempo: de sep­tiem­bre a diciem­bre de 1908. Toma pose­sión del nuevo des­tino el 25 de sep­tiem­bre (nom­bra­miento de 29 de agosto) y regresa al Instituto de Palencia el 8 de diciem­bre (nom­bra­miento de 3 de noviembre).

El agi­tado pano­rama que nos mues­tra el pro­fe­sor Boloix es un ejem­plo de la pre­ca­rie­dad del ejer­ci­cio docente para un pro­fe­sor auxi­liar de Pedagogía, alter­nando escuela de niños y de Maestros. A pesar de que se trata de un pro­fe­sor inno­va­dor, moti­vado por su tra­bajo, tal y como apunta su inte­rés por las acti­vi­da­des extra­es­co­la­res, nove­do­sas en ese momento, no encuen­tra aco­modo fácil­mente2 .Uno de los docu­men­tos que acom­pa­ñan su hoja de ser­vi­cios nos mues­tra la comu­ni­ca­ción del pro­fe­sor Boloix al Director del Instituto de Palencia como maes­tro pro­pie­ta­rio de la Escuela pública de niños del dis­trito de San Jacinto (Triana) en Sevilla, fir­mada en 22 de abril de 19113.Su cese, de acuerdo con el Libro de regis­tro de hojas de ser­vi­cios del Instituto, se pro­duce el día 21 de abril de ese año4 .Conocemos su pre­ca­rio estado de salud y la peti­ción de licen­cia en enero de ese mismo año de 1911 para poder ausen­tarse a Córdoba5 .

El 11 de marzo de 1911 soli­cita per­miso para poder pre­sen­tarse a opo­si­cio­nes de Profesores de Escuelas Normales en Madrid, lo que se le con­cede dos días más tarde 6.El 22 de marzo de 1911 se dirige desde Madrid a D Ángel Alonso Quiroga, direc­tor del Instituto , para comu­ni­carle que está rea­li­zando ejer­ci­cios de opo­si­ción y que está satis­fe­cho de sus resul­ta­dos. La bús­queda de la esta­bi­li­dad, que parece con­se­guida ya en abril de ese año, jus­ti­fica la preo­cu­pa­ción del pro­fe­sor Boloix y la vuelta defi­ni­tiva a su región natal. Dejó un grato recuerdo en el Instituto de Palencia y una obra de alcance, publi­cada en 1906 en esta ciu­dad, sobre uno de sus temas de acti­vi­dad: los tra­ba­jos manuales.

La incor­po­ra­ción a este Catálago de la figura del pro­fe­sor Boloix está moti­vada por su dedi­ca­ción a los estu­dios de la Escuela Normal y a una asig­na­tura tan espe­cí­fica como es la Pedagogía.

OBRAS DE D. MARIANO BOLOIX:

- Elementos de tra­ba­jos manua­les. Palencia, 1906.

Documentación del A.H del Jorge Manrique sobre Mariano Boloix Jorge: Documentación Mariano Boloix Jorge




Notas

  1. AIJM. Caja 17. Libro de Hojas de ser­vi­cio de los Sres. Profesores de este Instituto Caja 17. Dá prin­ci­pio en 1874. Profesor pro­vi­sio­nal de Pedagogía de este Instituto nom­brado por Real Orden 12 de Abril de 1904. S/nLibro de Hojas de ser­vi­cio de los Sres. Profesores de este Instituto. Dá prin­ci­pio en 1874. Profesor pro­vi­sio­nal de Pedagogía de este Instituto nom­brado por Real Orden 12 de Abril de 1904. S/n []
  2. En su hoja de ser­vi­cios apa­rece que “ha rea­li­zado en el curso de 1908 á 1909, tres Excursiones esco­la­res con los alum­nos de 1º y 2º cur­sos del Magisterio ele­men­tal del Instituto de Palencia, den­tro y fuera de la Capital y Venta de Baños, con satis­fac­to­rios resul­ta­dos”. Vid. Expediente per­so­nal del pro­fe­sor Mariano Boloix Jorge. Caja 9, legajo 136. []
  3. Pone en cono­ci­miento del Director del Instituto de Palencia su toma de pose­sión como maes­tro pro­pie­ta­rio (1911, abril 22. Sevilla). Puede con­sul­tarse en el anexo docu­men­tal que acom­paña a esta breve sem­blanza bio­grá­fica. []
  4. AIJM Caja 17. Libro de Hojas de ser­vi­cio de los Sres. Profesores de este Instituto. Dá prin­ci­pio en 1874. Profesor pro­vi­sio­nal de Pedagogía de este Instituto nom­brado por Real Orden 12 de Abril de 1904. S/n []
  5. Encontrándome deli­cado de salud, según acre­dito con la adjunta cer­ti­fi­ca­ción, expe­dida por el facul­ta­tivo de esta Sr. Rincón; ruego á V.S. se sirva con­ce­derme quince días de licen­cia para mar­char a Córdoba-​Cardenal Gonzalez 59– y aten­der a mi res­ta­ble­ci­miento” (1911, enero 18. Palencia). En el mem­brete de la carta se sitúa este enca­be­ci­miento: “Mariano Boloix y de Jorge. Profesor de Pedagogia del Instituto. Gil de Fuentes nº 13 Palencia”. Se añade tam­bién cer­ti­fi­cado médico del Dr. Rincón. AIJM Expediente de Mariano Boloix. En febrero de ese mismo año comu­nica que no se ha res­ta­ble­cido de su dolen­cia y el Subsecretario de Instrucción Pública y Bellas Artes se dirige al Director del Instituto de Palencia para hacerle lle­gar la soli­ci­tud del intere­sado y la cer­ti­fi­ca­ción médica corres­pon­diente, para que tome las medi­das opor­tu­nas, ya que puede pro­lon­garse la baja de enfer­me­dad (1911 febrero 13 Madrid). La carta adjunta es de 26 de enero, manus­crita, a cargo del pro­fe­sor Boloix se adjunta gra­pada a la comu­ni­ca­ción ofi­cial, con­jun­ta­mente con la cer­ti­fi­ca­ción médica. Vid. Expediente per­so­nal .. y anexo docu­men­tal. []
  6. Deseando pre­sen­tarme á las opo­si­cio­nes de Profesores de Escuelas Normales que han de cele­brarse en madrid, den­tro de este més, ruego á V.S. se sirva con­ce­derme el per­miso nece­sa­rio, con arre­glo á la Real órden de 26 de Diciembre de 1906, que­dando en pre­sen­tarle la cer­ti­fi­ca­ción ó cer­ti­fi­cado que jus­ti­fi­quen mi ausen­cia”. Se añade a mano y lápiz: “Concedido en 13 de marzo 1911”. El 20 de marzo vuelve a remi­tir carta al Director para comu­ni­carle que comienza a hacer uso de dicho per­miso, Ibidem []

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Alejandro Font de Bedoya

Alejandro Font de Bedoya

“Breve sem­blanza de una per­so­na­li­dad sin­gu­lar”, por Francisco Javier Font Ordóñez

Entender de modo sufi­ciente la per­so­na­li­dad de mi padre, exi­gi­ría, a mi jui­cio, ver como un todo indi­vi­si­ble el con­junto de sus cua­li­da­des inte­lec­tua­les, mora­les y afec­ti­vas. Solo así, creo, se podría calar en los estra­tos más hon­dos de su mente, hallar la expli­ca­ción de muchos ras­gos de su con­ducta, y lle­gar a una ade­cuada com­pren­sión de las mani­fes­ta­cio­nes exte­rio­res o públi­cas de su pensamiento.

Seguramente para cono­cerle bien, aun­que no aún lo sufi­ciente para acla­rar muchos aspec­tos de su com­pleja per­so­na­li­dad, bas­ta­ría haber pre­sen­ciado durante sufi­ciente tiempo, y de cerca, alguna de sus de múl­ti­ples acti­vi­da­des pro­fe­sio­na­les. No solo las deri­va­das de la labor docente, que cul­tivó durante casi medio siglo como pro­fe­sor de diver­sas dis­ci­pli­nas en varios cen­tros. Así, por ejem­plo, sus cla­ses de Ciencias Naturales en el Instituto Jorge Manrique de Palencia, durante casi cua­renta años, per­mi­tie­ron que fuese cono­cido y apre­ciado por nume­ro­sas gene­ra­cio­nes de estudiantes.

También fue impor­tante su tra­bajo como ana­lista quí­mico e inves­ti­ga­dor, con tra­ba­jos publi­ca­dos que le valie­ron reco­no­ci­miento público en toda España, como lo fue, entre otros muchos, su estu­dio ori­gi­nal sobre las cau­sas de una par­ti­cu­lar into­xi­ca­ción por arsé­nico. Trabajos meri­to­rios por muchas razo­nes, pero sobre todo si se tiene en cuenta la pre­ca­rie­dad de medios con que con­taba en el labo­ra­to­rio del Instituto de Higiene. De este con­tacto con su queha­cer dia­rio podía cali­brarse con mayor fun­da­mento la riqueza y ampli­tud de sus conocimientos.

No sería dema­siado difí­cil, toda­vía hoy, acer­carse a su mundo inte­lec­tual a tra­vés de alguna de sus con­fe­ren­cias o artícu­los sobre temas cien­tí­fi­cos, o filo­só­fi­cos; o a los muchos pape­les que dejó escri­tos sobre asun­tos diver­sos. En ellos se reve­lan, ade­más de su sólida for­ma­ción, la rele­van­cia que estas cues­tio­nes adqui­rían en el con­junto de su pen­sa­miento. Habría que acer­carse de algún modo, sin embargo, al núcleo mismo de su con­cien­cia, ese que daba mayor peso espe­cí­fico a su forma de pen­sar. De no hacerlo así aquel pro­pó­sito de cono­cerle en toda su inte­gri­dad no se logra­ría. Me refiero a dos cues­tio­nes cla­ves de su vida, que se nutrían la una de la otra cons­tan­te­mente, en una sim­bio­sis exis­ten­cial que hacía cre­cer su espí­ritu: por un lado, su mundo fami­liar. Por otro lado, el de sus creen­cias reli­gio­sas, inse­pa­ra­bles de sus inquie­tu­des científicas.

Bastaría haber asis­tido a su mundo afec­tivo fami­liar, car­gado de impre­sio­nes, ideas, emo­cio­nes y sen­ti­mien­tos, para des­cu­brir la forma pecu­liar que tuvo de vivir sus momen­tos de feli­ci­dad (pocos); o enca­jar sus fra­ca­sos, sus temo­res, sus des­di­chas, o su sole­dad. Esto es algo que sabe­mos bien quie­nes vivi­mos cerca de él en fami­lia. Simplemente, haber pre­sen­ciado la rela­ción que tuvo, pri­mero con sus padres y her­ma­nos, a quie­nes que­ría pro­fun­da­mente (en espe­cial a su padre, a quien vene­raba), y des­pués, la que man­tuvo con su mujer e hijos, por quie­nes entregó lite­ral­mente su vida, diría ya mucho sobre su personalidad.

Presenciar, por ejem­plo, su trato res­pe­tuoso con todo el mundo y, ya tras­pa­sada la edad de la jubi­la­ción (no tan jubi­losa como el tópico repite), obser­var la deli­ca­deza y aten­cio­nes con que tra­taba a los niños, a quie­nes siem­pre veía como ánge­les extra­via­dos en un mundo inhós­pito, era algo que decía mucho de él. O ver alguna de las mani­fes­ta­cio­nes de su sen­tido del deber, que era algo abso­lu­ta­mente sin­gu­lar. Seguramente lo apren­dió muy pronto (ape­nas cuando tuvo uso de razón). Se vio el mayor (varón) de nueve her­ma­nos, y sus padres, ante esta cir­cuns­tan­cia, unida al ejem­plar com­por­ta­miento adqui­rido durante su pri­mera infan­cia, le con­fia­ron buena parte de la res­pon­sa­bi­li­dad de cui­dar­los y aten­der­los. Fue una labor que, como vere­mos, se pro­lon­ga­ría más allá de la infancia.

Soñó con hacerse marino, y así se lo hizo saber a sus padres nada más ter­mi­nar el bachi­lle­rato. De niño había cono­cido el mar en Santander, donde su padre estuvo des­ti­nado un tiempo, que­dando fas­ci­nado por su inmen­si­dad y por su her­mo­sura para el resto de sus días. Su tem­prana voca­ción mari­nera que­da­ría, no obs­tante, frus­trada. La deci­sión paterna, basada en cri­te­rios mera­mente prác­ti­cos y eco­nó­mi­cos, pudo más que sus sue­ños, y tuvo que estu­diar Ciencias Químicas, matri­cu­lado como alumno libre, yendo a exa­mi­narse cada poco a la Facultad de Salamanca. No esta­ban sus padres por la labor de tener a un hijo per­dido por esos mares de Dios, mien­tras ellos se veían con difi­cul­ta­des para sacar ade­lante al resto de la prole. Una vez más, su sen­tido del deber y la obe­dien­cia a los padres se impo­nían a sus deseos.

Todavía en plena juven­tud y habiendo ter­mi­nado la Licenciatura de Química con ape­nas veinte años, hizo el doc­to­rado en Ciencias, des­pués de lo cual tuvo que deci­dirse a tra­ba­jar de forma remu­ne­rada, pues la eco­no­mía fami­liar no estaba lo que se dice boyante. Ingresó en el Cuerpo de Químicos de los Institutos de Higiene, como Jefe de la Sección de Análisis y estuvo des­ti­nado algún tiempo en Lugo. Desde allí, apro­ve­chó para comen­zar a hacer la carrera de Farmacia, en la que se matri­culó en turno libre, asis­tiendo even­tual­mente a las prác­ti­cas y exá­me­nes en la Facultad de Santiago de Compostela y en su archi­fa­moso edi­fi­cio de Fonseca. Desde luego, nunca cono­ció lo que era per­der el tiempo.

Corría el año 1929 cuando final­mente con­si­guió su tras­lado a Palencia, de donde ya no se movió en toda su vida. Desde la ciu­dad de Lugo, de la que con­ser­vaba bue­nos recuer­dos, aun­que teñi­dos de nos­tal­gia de Castilla, empezó a enviar sus pro­pios ingre­sos a sus padres, resi­den­tes ya enton­ces en Palencia, para ayu­dar al sos­te­ni­miento eco­nó­mico del con­junto fami­liar. Esta prác­tica no la aban­donó hasta que sus her­ma­nos peque­ños fue­ron ter­mi­nando sus estu­dios. He aquí otras prue­bas de lo que sig­ni­fi­caba para él su deber.

En resu­men, inten­tar recor­dar el lado más humano de una per­sona que se dis­tin­guió por su nota­ble inte­li­gen­cia, a la vez que por su inte­gri­dad moral, y que tuvo una vida llena de tra­ba­jos innu­me­ra­bles, con poco tiempo para el des­canso y el espar­ci­miento, exi­gi­ría des­cu­brir alguna puerta de entrada a su cora­zón. ¿Dónde hallar esa puerta?

Existen en el mundo per­so­nas de con­di­ción seme­jante a la de mi padre. No dema­sia­das, es cierto. Son mode­los vivien­tes de seres gober­na­dos por su pro­pio espí­ritu, siendo éste la reali­dad pro­pia que se ha ido haciendo a sí misma den­tro de su con­cien­cia. Son labo­rio­sas, care­cen de doblez, no mien­ten jamás, ayu­dan a los demás, se dejan guiar siem­pre por su con­cien­cia sin trai­cio­narla nunca, aun a costa de tener que nave­gar con viento des­fa­vo­ra­ble. Así era mi padre.

Alejandro Font luchó siem­pre a con­tra­co­rriente de las modas domi­nan­tes, que eran, enton­ces como hoy, ten­den­tes a la vacui­dad espi­ri­tual, al mate­ria­lismo y al rela­ti­vismo moral. El veía ame­na­za­dos los ver­da­de­ros valo­res éticos, con riesgo de per­derse irre­ver­si­ble­mente en un pro­ceso de ero­sión cons­tante. Y parece que no le fal­taba razón. Desde luego, viendo hoy nues­tra socie­dad, con los rápi­dos cam­bios de cos­tum­bres y de valo­res que se han ope­rado en ella, o con la inquie­tante evo­lu­ción del sis­tema edu­ca­tivo, casi puede sos­pe­charse que aque­llo por lo que él se preo­cu­paba y con­tra lo que luchaba era una triste reali­dad, cuyo agra­va­miento no iba a detenerse.

En los años siguien­tes, en los que se fue ges­tando la tra­ge­dia que habría de ensan­gren­tar España, y en un ambiente por lo tanto poco pro­pi­cio para colo­quios amo­ro­sos, cono­ció a la que sería su mujer. Y así pudo dar cauce a los des­bor­da­mien­tos pla­tó­ni­cos al tiempo que tuvo que defen­der sus ideas polí­ti­cas, siem­pre, y en ambos casos, desde posi­cio­nes ente­ra­mente com­pa­ti­bles con su reli­gión y con su con­cien­cia. No debía de ser fácil, pero él lo hizo. De este modo, mien­tras se con­so­li­daba el uni­verso de sus afec­tos per­so­na­les (se casó en el año 1937), se des­mo­ro­naba el de sus idea­les patrió­ti­cos. Estos últi­mos, tal como acon­te­cie­ron los hechos, pronto se eva­po­ra­ron, deján­dole el desen­canto como poso de amargo sabor.

Y tal vez por ello, su pesi­mismo esen­cial, se incre­mentó. Era esta otra de sus más cons­pi­cuas cua­li­da­des, que pudo for­jarse ya en su juven­tud, cuando las des­gra­cias empe­za­ron a cebarse con su fami­lia. La extre­mada sen­si­bi­li­dad de este hom­bre hizo que en él todas estas adver­si­da­des se mos­tra­ran más insi­dio­sas de lo común, y le deja­ran hon­das cica­tri­ces en el alma durante toda su vida.

Especialmente en sus últi­mos años, sus preo­cu­pa­cio­nes filo­só­fi­cas podrían ser resu­mi­das en los dos órde­nes de ideas siguien­tes: 1) las refe­ri­das al cono­ci­miento de Dios como única forma de hacer expli­ca­ble el Universo, que nos es mos­trado a tra­vés de la Ciencia. 2) las refe­ri­das a la nece­si­dad de un sis­tema de pen­sa­miento fun­da­men­tado en la Ciencia, y capaz de ayu­dar a acer­carse a ese cono­ci­miento de Dios.

Por lo que ante­cede, puede decirse que todas sus inquie­tu­des y pasio­nes; así como todas las que podría­mos lla­mar sus fobias, como el mate­ria­lismo, la men­tira, la inmo­ra­li­dad, etc., se deri­va­ban de modo natu­ral, según creo, de estos dos gran­des órde­nes de ideas. Pero la con­fir­ma­ción de esta hipó­te­sis nece­si­ta­ría de un aco­pio de datos más pre­ciso y de un mayor espa­cio para su desa­rro­llo, algo incom­pa­ti­ble con la bre­ve­dad de esta sem­blanza, ya anun­ciada en el título.

Sus creen­cias reli­gio­sas fue­ron sin duda deter­mi­nan­tes en su vida; y no sólo en su con­ducta sino, como ya se ha podido entre­ver, tam­bién en sus nume­ro­sas inquie­tu­des inte­lec­tua­les. Sería un error pen­sar que ellas expli­ca­rían con cla­ri­dad ese rechazo fron­tal que dedicó a los valo­res domi­nan­tes del mundo en que le tocó vivir: el mate­ria­lismo, la igno­ran­cia, la vul­ga­ri­dad, etc.; como tam­bién lo sería atri­buir a su pro­funda fe su nega­tiva visión de esta vida en su con­junto, con sus fal­sas ilu­sio­nes, sus men­ti­ras, sus fracasos.

Él sabía muy bien que en el mundo exis­ten por doquier seres admi­ra­bles por sus cono­ci­mien­tos, o por su ejem­plar con­ducta. Él sabía que por todas par­tes hay belleza, mis­te­rio, her­mo­sura y hue­llas del paso del Creador, como las que ya des­cu­brió quien can­tase: “Mil gra­cias derra­mando, pasó por estos sotos con pre­sura, y yén­do­los mirando, ves­ti­dos los dejó de su her­mo­sura”. Él sabía, a pro­pó­sito, que en la poe­sía se con­cen­traba la ver­dad y la belleza de este mundo, qui­zás como anti­cipo de la ver­dad y belleza del otro mundo que nos aguarda. Por eso no dejó nunca de pres­tarle aten­ción. Pero tam­bién sabía que la ver­dad puede ser a veces muy amarga.

Por todo esto, mal podría oca­sio­narle la reli­gión cris­tiana, con su esen­cial filo­so­fía del amor, del per­dón y de la espe­ranza, aque­lla visión tan poco recon­for­tante de la obra del Creador. Antes al con­tra­rio. En la reli­gión encon­tró el tronco de sal­va­ción al que pudo aga­rrarse en el nau­fra­gio de su exis­ten­cia. Y fue su visión reli­giosa del mundo la que le per­mi­tió ensan­char los hori­zon­tes tem­po­ra­les y espa­cia­les del des­di­chado tiempo y del opre­sivo lugar en que tuvo que vivir.

La ver­dad es que el espa­cio y el tiempo pare­cían habér­sele que­dado peque­ños en su pen­sa­miento. De aquí su pro­pen­sión a lo infi­nito y a lo eterno. De aquí su apa­sio­nado cono­ci­miento del mar, no sólo como bió­logo, tam­bién como eterno admi­ra­dor suyo en las pocas oca­sio­nes que tenía para verlo. De aquí sus asom­bro­sos cono­ci­mien­tos de Geografía, con loca­li­za­ción por­me­no­ri­zada de todos los acci­den­tes y nom­bres de las cos­tas y recuento de todos los mares del pla­neta. También, de aquí, aun­que tal deduc­ción es más pro­ble­má­tica, su visión mís­tica del mar, terri­ble en oca­sio­nes, amo­roso otras veces, pero siem­pre espejo en el que se refleja la ima­gen de Dios. De aquí, tam­bién, sus cono­ci­mien­tos astro­nó­mi­cos, desde los cua­les, los infi­ni­tos espa­cios del cos­mos le resul­ta­ban extra­ña­mente fami­lia­res; y así, hablaba de Deneb, de Aldebarán, de Altaïr, etc., cons­te­la­cio­nes y estre­llas infi­ni­ta­mente ale­ja­das de noso­tros y, sin embargo, luga­res que él incom­pren­si­ble­mente fre­cuen­tase en su pensamiento.

Lugares, tam­bién, en los que él ubi­caba a los seres que­ri­dos que se iban mar­chando; y luga­res que, sin duda alguna, él pisa hoy; si bien en otra dimen­sión del espa­cio y del tiempo menos opre­sora que la que él vivió.
Ahora, dejé­mosle estar allí, no vaya­mos a per­tur­bar su sueño.

Palencia, diciem­bre de 2008
 

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Severino Rodríguez Salcedo

Severino Rodríguez Salcedo (1886 — )

Nació en Villabrágima (Valladolid) el 1 de noviem­bre de 1886. Su padre Pedro Rodríguez García, era palen­tino y resi­día en esa loca­li­dad valli­so­le­tana, de la que era natu­ral su esposa, Dª Laurentina Salcedo Martín1.

Tras el tras­lado a Palencia, donde el padre ejer­ció como juez, el joven Severino cursó estu­dios de Segunda Enseñanza en el Instituto de la capital.

Fue un alumno muy bri­llante. Su expe­diente está pla­gado de las más altas cali­fi­ca­cio­nes, mani­fes­tando un alto grado de apli­ca­ción y capa­ci­dad. Conservamos una buena parte de su expe­diente aca­dé­mico desde su ingreso en 18982. Este último lo rea­liza el 24 de sep­tiem­bre de ese año, 1898. La frase del dic­tado parece una decla­ra­ción de inten­cio­nes: “El men­ti­roso nadie le cree aun cuando diga la verdad”.

No deja de ser curioso que uno de los ras­gos más des­ta­ca­dos de Don Severino Rodríguez Salcedo, a lo largo de toda su tra­yec­to­ria pro­fe­sio­nal, fue pre­ci­sa­mente el rigor de lo escrito, aspecto ínti­ma­mente ligado a la ade­cua­ción a sus prin­ci­pios éticos. En el momento de la soli­ci­tud del exa­men de ingreso D. Severino resi­día en la calle Mayor, con­cre­ta­mente en el número 172, y no había cum­plido aún los doce años. Dicha soli­ci­tud es un modelo de pul­cri­tud y de afán de per­fec­cio­na­miento, otros dos ras­gos carac­te­rís­ti­cos de su per­so­na­li­dad. Prueba de ello es el enca­be­za­miento de la misma, con una bella cali­gra­fía, que con­serva aún las líneas a lápiz que per­mi­tían la hori­zon­ta­li­dad perfecta.

Las cali­fi­ca­cio­nes de su tra­yec­to­ria aca­dé­mica en el Instituto de Palencia son, tal y como mani­fes­ta­mos antes, muy brillantes:

Expediente aca­dé­mico del alumno D. Severino Rodríguez Salcedo. Instituto de Palencia

Curso aca­dé­mico

Asignaturas

Calificaciones

1898 – 1899

Doctrina cris­tiana

Castellano (1º curso)

Geografía

Aritmética 1º y Contabilidad

Gimnasia 1º, con Fisiología e Higiene

Sobresaliente

Sobresaliente

Sobresaliente

Notablemente

Aprobado

1899 – 1900

Latín (2º). Gramática

Religión 2º curso

Matemáticas 2º curso

Francés 1º curso

Historia de España y Universal

Notable

Sobresaliente

Notable

Sobresaliente

Sobresaliente. Premio

1900 – 1901

Preceptiva lite­ra­ria

Historia y Geografía polí­tica 2º curso

Aritmética y Álge­bra, pro­ble­mas de contabilidad

Dibujo 1º curso

Gimnasia 2º curso

Sobresaliente. Premio

Notable

Aprobado

Aprobado

Aprobado

1901 – 1902

Francés 2º curso

Preceptiva de los géne­ros literarios

Historia Universal

Geometría y Trigonometría

Cosmografía y Nociones de Física del Globo

Dibujo 2º curso

Gimnasia 3º curso

Sobresaliente. Premio

Sobresaliente. Premio

Sobresaliente. Premio

Notable

Notable

Aprobado

Aprobado

1902 – 1903

Psicología y Lógica

Elementos de his­to­ria gene­ral de la Literatura

Física

Qímica gene­ral

Fisiología e Higiene

Dibujo 3º curso
Gimnasia 4º curso

Sobresaliente

Sobresaliente

Aprobado

Aprobado

Notable

Aprobado

Aprobado

1903 – 1904

Ética

Agricultura

Historia Natural

Sobresaliente. Premio

Sobresaliente. Premio

Sobresaliente

 

Destaca la impli­ca­ción del joven Severino Rodríguez Salcedo en los actos de repre­sen­ta­ción del Instituto. Así, par­ti­cipó en el fes­ti­val aca­dé­mico cele­brado en Madrid en 1902 para cele­brar la mayo­ría de edad de Alfonso XIII. De su buena con­ducta hablan tam­bién los cer­ti­fi­ca­dos de los pro­fe­so­res de Gimnasia, D. Isaac Carrera Domínguez y D. Serafín Terciado del Valle, que la acre­di­tan en la supera­ción de la asig­na­tura. Su buena asis­ten­cia es ates­ti­guada tam­bién por D. Zenón Herrero, pro­fe­sor de Dibujo3).

Conservamos tam­bién las soli­ci­tu­des del alumno para que se apli­quen los pre­mios obte­ni­dos en algu­nas asig­na­tu­ras a la exen­ción de dere­chos de matrí­cula en la ins­crip­cio­nes de matrí­cula de asig­na­tu­ras simi­la­res del curso siguiente. Uno de los docu­men­tos que ates­ti­gua la preo­cu­pa­ción de D. Severino por sus estu­dios es la soli­ci­tud de ade­lanto de las fechas de exa­men de las asig­na­tu­ras en que estaba matri­cu­lado en 1902, ya que debía acu­dir a los fes­te­jos antes cita­dos en Madrid para cele­brar la mayo­ría de edad del rey, en repre­sen­ta­ción del Instituto de Palencia.

Supera los dos ejer­ci­cios con­du­cen­tes a la obten­ción del Grado de Bachiller en el Instituto los días 15 y 16 de Junio de 1904, con la cali­fi­ca­ción de ”Sobresaliente” en el pri­mero y “Aprobado” en el segundo de ellos. Estudió Derecho en Valladolid, estando cole­giado desde 1910, y tam­bién Letras en Zaragoza4.

Tras una breve estan­cia como pro­fe­sor auxi­liar5, obtuvo la Cátedra de Lengua Española para el Instituto de Almería (1916) y se incor­poró en el curso siguiente al de Palencia, que ya no aban­do­na­ría hasta su jubi­la­ción en 19576. Si como alumno fue modé­lico, como pro­fe­sor fue uno de los miem­bros más sobre­sa­lien­tes del Claustro en su tra­yec­to­ria profesional.

Fue durante dos perio­dos de tiempo, sepa­ra­dos lige­ra­mente en el tiempo, direc­tor del Instituto (1924−1938 y 1941 – 1956). Quizá su inter­ven­ción, apo­yada por un buen número de pro­fe­so­res, pudo evi­tar la sepa­ra­ción de la acti­vi­dad docente del edi­fi­cio cons­truido por Arroyo durante la Guerra Civil. Alcalde durante dos eta­pas bien dife­ren­cia­das (1927−1930 y 1941 – 1947), su carrera polí­tica se inició en la Dictadura de Primo de Rivera7 ‚cesando con la caída del régi­men. La segunda etapa corres­ponde a la época pos­te­rior a la Guerra Civil, siendo su acti­vi­dad recor­dada por dis­tin­tas obras de urba­ni­za­ción en la ciu­dad y, sobre todo, por la inau­gu­ra­ción en su man­dato del anti­guo campo de fút­bol “La Balastera”.

Fue Académico fun­da­dor de la Institución Tello Téllez de Meneses, en cuyas publi­ca­cio­nes nos legó un buen número de tra­ba­jos de alto nivel. También fue Académico corres­pon­diente de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid, desde 1932.

Denostado en algu­nos momen­tos no muy leja­nos, la figura de D. Severino Rodríguez Salcedo cobra realce por su bon­ho­mía, como mues­tra una buena parte de la corres­pon­den­cia epis­to­lar que con­ser­va­mos en nues­tro Archivo y, muy espe­cial­mente, por el papel desem­pe­ñado en aque­llos momen­tos crí­ti­cos de la repre­sión fran­quista8- y su por su rigor intelectual.

SELECCIÓN DE PUBLICACIONES DE D. SEVERINO RODRÍGUEZ SALCEDO:

  • Origenes del Teatro espa­ñol. Apuntes histórico-​críticos.Palencia, 1912.
     
  • Santa Teresa en Palencia.Palencia, 1923
     
  • Iniciación histórico-​literaria.Palencia, 1923.
     
  • “Historia de los cen­tros palen­ti­nos de cul­tura”, en PITTM 2 (1949), p. 13 – 111.
     
  • “Memorias de Don Tello Téllez de Meneses, Obispo de Palencia”, en PITTM 1 (1949), p. 13 – 37.
     
  • ”El tea­tro en Palencia (1585−1617): (nue­vos datos para la his­to­ria del his­trio­nismo espa­ñol)”, en PITTTM 5 (1950), p. 29 – 87.
     
  • ”El Obispo Axpe Sierra y su inter­ven­ción en la vida palen­tina (1596−1607)”, en PITTM 4 (1950), p. 135 – 189.
     
  • “V Centenario de los Reyes Católicos: sesión aca­dé­mica en Dueñas “ en PITTM 7 (1951) p. 121 – 130.
     
  • ”El reinado del pri­mer Alfonso XII en Palencia: (pre­ce­den­tes del glo­rioso reinado de Doña Isabel)”, en PITTM 6 (1951), p. 15 – 83.
     
  • VII Centenario de la muerte de Fernando III, el Santo: pre­de­den­tes de un glo­rioso reinado que tocan a Palencia”, en PITTM 8 (1952), p. 105 – 139.
     
  • “Historia de las Comunidades Palentinas”, en PITTM 10 (1953), p. 75 – 272.
     
  • “Palencia en 1808” en PITTM 14 (1955), p. 1 – 125.
     
  • ”Un tes­ta­fe­rro del P. Isla en la publi­ca­ción de Fr. Gerundio : inci­den­cias palen­ti­nas” : dis­curso pro­nun­ciado por… en la solemne sesión cele­brada en la Excma. Diputación Provincial el día 17 de octu­bre de 1959. PITTM 20 (1959), p. 195 – 228.
     
  • RODRIGUEZ SALCEDO S., REVILLA VIELVA R. y TORRES MARTÍN, A. “Calabazanos a la vista: la Reina Católica y los Manrique : nue­vos datos”, en PITTM 6 (1951), p. 345 – 360.

Documentación del A.H. del Jorge Manrique sobre D. Severino Rodríguez Salcedo: Documentación Severino Rodríguez Salcedo

Enlaces exter­nos:

Nota necro­ló­gica sobre Severrino Rodríguez Salcedo




Notas

  1. En cer­ti­fi­cado civil de bau­tismo apa­rece su padre como “estu­diante” en ese momento. Sus abue­los pater­nos eran palen­ti­nos, mien­tras los mater­nos, falle­ci­dos en el momento de su naci­miento, lo eran de Villabrágima. Puede encon­trase su expe­diente en Archivo General de la Administración (AGA) Caja 32. Legajo 8486. []
  2. AIJM Expediente aca­dé­mico del alumno D. Severino Rodríguez Salcedo. Caja S-​4 Ultimados. No hemos encon­trado hasta la fecha la docu­men­ta­ción como pro­fe­sor. Existe el legajo corres­pon­diente en el AGA que hemos con­sul­tado para com­ple­tar nues­tros datos, si bien no se ha con­si­de­rado ade­cuado trans­cri­bir nin­gún otro docu­mento en este Catálogo ajeno a nues­tro Archivo, ya que se trata en este momento de cir­cuns­cri­bir­nos al ámbito del Instituto de Palencia. []
  3. AIJM, Expediente aca­dé­mico de Severino Rodríguez Salcedo (S-​4 Ultimados []
  4. Su titu­la­ción en Derecho Civil y Canónico la obtiene con la cali­fi­ca­ción de “sobre­sa­liente” (Título expe­dido 18 abril 1910); la de Filosofía y Letras, sec­ción Ciencias Históricas, tiene como fecha de expe­di­ción el 25 de diciem­bre de 1918). Entre el meri­taje que exhibe en 1915, época en la que era auxi­liar en el Instituto de Palencia declara la titu­la­ción en Derecho, Filosofía y Letras, y entre otros méri­tos rele­van­tes la Medalla de Plata de la Coronación del Rey, Vocal de la Junta local del Centenario de Cervantes, Vocal de la Junta local de espec­tácu­los y tener apro­ba­das opo­si­cio­nes a cáte­dra de Lengua y Literatura en 1914 – 15 (supongo que se trate de una opo­si­ción sin plaza). AGA, Caja 32. Legajo 8486. []
  5. Sabemos que en 1913 soli­cita la plaza de ayu­dante gra­tuito en el Instituto de Palencia “en razón del expe­diente aca­dé­mico”, En 1915 era auxi­liar, habiendo opo­si­tado entre tanto a las pla­zas de Cáceres, Teruel y Jaén (1913) y en 1914 a Lérida. AGA. Caja 32. Legajo 8486. Podremos cono­cer una parte de la docu­men­ta­ción refe­rida a D. Severino Rodríguez, en sus pri­me­ros años de docen­cia, a tra­vés de la docu­men­ta­ción que apor­ta­re­mos en el Anexo docu­men­tal siguiente. []
  6. En 1918 opo­sita al Instituto de Logroño para Lengua y Literatura por el turno de auxi­lia­res, asunto que no acaba de enca­jar por haber obte­nido ya des­tino en Palencia, tras un breve paso por Almería. AGA Caja 32. Legajo 8486. []
  7. En 1924 había figu­rado en pues­tos rele­van­tes de la polí­tica local, más con­cre­ta­mente como secre­ta­rio gene­ral de la Comisión Organizadora de 1924 de la UPN (vid. PALOMARES J.Mª, “La dic­ta­dura de Primo de Rivera en Palencia (1923−1930)”, en Actas del II Congreso de Historia de Palencia. Tomo III. Vol. II. Edad Contemporánea. Palencia 1990, p. 573). Más ade­lante, con­cre­ta­mente en 1927, fue uno de los repre­sen­tan­tes palen­ti­nos a la Asamblea Nacional por repre­sen­ta­ción de los ayun­ta­mien­tos (Ibidem, p. 577). No fue el único pro­fe­sor del Instituto que figura entre los adhe­ri­dos a la Unión Patriótica por la ciu­dad de Palencia, encon­trán­dose tam­bién el Director del Centro, D. Eloy Rico, D. Santiago Paredes Baquerín y D. Olegario Ogarejo ( Ibidem, p. 585, 586 y 588). []
  8. Se podrá com­pro­bar en alguna de las con­fe­ren­cias pro­gra­ma­das para este Centenario, muy espe­cial­mente, en la de Mª Antonia Salvador. Todas las con­fe­ren­cias serán publi­ca­das pró­xi­ma­mente. []

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Miguel Catalán Sañudo

MIGUEL CATALÁN SAÑUDO (1894 –1957)

Uno de los pro­fe­so­res más des­ta­ca­dos es –sin nin­gún género de dudas– Miguel Catalán. A pesar de per­ma­ne­cer escaso tiempo ads­crito al Instituto de Palencia (nom­bra­miento ofi­cial de 18 de febrero de 1920, toma de pose­sión de 1 de marzo siguiente, y tras­lado al de Ávila el 26 de mayo de ese mismo año), su nom­bre per­ma­ne­cerá ligado para siem­pre a esta ciu­dad y Centro por haber ganado la Cátedra de Física y Química e ini­ciar aquí su carrera pro­fe­sio­nal en la enseñanza.

Antes de su lle­gada a Palencia su dedi­ca­ción docente había sido la de ayu­dante de la Sección de Ciencias en varios Institutos, pri­mero con carác­ter inte­rino en el Instituto General y Técnico de Zaragoza (1913), y más tarde como ayu­dante nume­ra­rio en los de Huesca (1915 – 1919) y San Isidro de Madrid (enero 1919). Muy poca rele­van­cia para un per­so­naje de la bri­llan­tez que mos­tró siem­pre en los estu­dios, como alumno pri­mero e inme­dia­ta­mente como profesor.

Había pre­sen­tado ins­tan­cia para las opo­si­cio­nes a la Cátedra del Instituto de Pamplona1, turno libre y tam­bién para las del de Barcelona, en turno de auxi­lia­res2.

El joven Miguel Catalán, hijo tam­bién de un cate­drá­tico de Instituto, comenzó a des­ta­car como alumno desde su paso por el Instituto General y Técnico de Zaragoza. Alcanzó el grado de Bachiller con la cali­fi­ca­ción de sobre­sa­liente y fue Premio Extraordinario de su pro­mo­ción (1910). Su paso por la Universidad fue igual­mente des­lum­brante. Licenciado en Ciencias, Sección de Químicas, por la Universidad de esa misma ciu­dad de Zaragoza con la misma cali­fi­ca­ción que obtuvo en el Bachillerato y que en él era habi­tual: sobre­sa­liente. Obtuvo el Premio Extraordinario de Licenciatura (1914) y más tarde, tras el Doctorado, siem­pre con la máxima cali­fi­ca­ción, el Premio Extraordinario en dicho grado aca­dé­mico en la Universidad Central (1918).

Desde 1913 a 1914 fue quí­mico de la Sociedad Aragonesa de Portand Artificial, no olvi­dando su aten­ción a la inves­ti­ga­ción. A ella dedicó su vida pro­fe­sio­nal y sola­mente la des­gra­ciada Guerra Civil y sus secue­las le pri­va­ron de estar colo­cado en el nivel que real­mente le corres­pon­día, incluso de optar a un Premio Nobel.

De su hoja de ser­vi­cios fir­mada el 17 de abril de 1920 y en el apar­tado corres­pon­diente a los méri­tos aca­dé­mi­cos y pro­fe­sio­na­les puede seguirse la línea de inves­ti­ga­ción del Dr. Catalán para esa fecha. Por su impor­tan­cia la repro­du­ci­mos a continuación.

Autor de los siguiente tra­ba­jos de investigación:

1º Contribución al estu­dio del espec­tro del mag­ne­sio; nue­vas lineas halla­das en el mismo.

2º Nuevos doble­tes adi­cio­na­les a las series espec­tra­les de la plata.

3º Algunas regu­la­ri­da­des de los espec­to­ros del cobre y del boro.

4º Nuevas líneas en el espec­tro del arco de la plata entre 4500 y 2300 U.A.

5º y 6º Investigaciones sobre las rayas últi­mas en los espec­tros de arco de los ele­men­tos 1ª y 2ª parte.

7º Crítica del método de calculo de Sadvige(?) y Nicholson para las cons­tan­tes de las series espectrales.

8º Series en el espec­tro de arco del cromo.

9º La tabla de Rydberg (?) recal­cu­lada con el nuevo valor de la cons­tante uni­ver­sal de la series espec­tra­les (con el Dr. A. del Campo) 3

10º Autor de un tra­bajo titu­lado “Electroquímica del mag­ne­sio, nue­vas líneas en su espec­tro y en el de la plata” Zaragoza, 1917.

11º. Autor de un libro titu­lado “Ejercicios Prácticos de Química” de 224 pági­nas en 4ª. Zaragoza, 1919.”

Como vemos es un pano­rama des­lum­brante para un joven cate­drá­tico de 26 años. Incluso alguno de esos tra­ba­jos cita­dos en la lista ante­rior, con­cre­ta­mente los dos pri­me­ros, fue­ron reco­no­ci­dos como de mérito para la pro­mo­ción pro­fe­sio­nal por la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y por el Consejo de Instrucción Pública.4 Ya en los años pre­vios al acceso a la Cátedra del Instituto General y Técnico de Palencia había sido becado por la Junta para la amplia­ción de estu­dios e inves­ti­ga­cio­nes cien­tí­fi­cas para rea­li­zar sus tra­ba­jos de inves­ti­ga­ción con una asig­na­ción men­sual y otra más para via­jes y mate­rial5 e incluso ins­crito en el Claustro de Doctores de la Universidad de Zaragoza.

Con todos estos ante­ce­den­tes, parece que el nuevo cate­drá­tico de Física y Química de este Instituto estaba muy ocu­pado en temas de inves­ti­ga­ción y bas­tante menos en la docen­cia en el nivel en el que aca­baba de opo­si­tar. Instalado en Madrid, ése era el lugar más apro­piado para desa­rro­llar una inves­ti­ga­ción de alto nivel.

Por R.O. de 18 de febrero de 1920 y con toma de pose­sión de 1 de marzo de ese año, comienza la etapa palen­tina de Miguel Catalán. Se exten­derá hasta su tras­lado al Instituto General y Técnico de Ávila el 26 de mayo, tam­bién de ese mismo año6 . Conservamos en su expe­diente per­so­nal un borra­dor de ofi­cio de remi­sión al Rector de la Universidad de Valladolid de fecha 1 de marzo de 1920 en el que se comu­nica la toma de pose­sión del pro­fe­sor.7

El 6 de abril de 1920 se expide un cer­ti­fi­cado de D. Luis Calandre, doc­tor en Medicina y Cirugía, cole­giado nº 541 de Madrid, en que mani­fiesta que Miguel Catalán padece un estado de ago­ta­miento que “le impide dedi­carse a sus habi­tua­les ocu­pa­cio­nes8. Junto al cer­ti­fi­cado médico apa­rece una ins­tan­cia manus­crita por el pro­fe­sor Catalán y diri­gida al Ilmo. Sr. Subsecretario de Instrucción Pública, soli­ci­tando un mes de licen­cia y así poderse res­ta­ble­cer de la enfer­me­dad 9 .

Las ausen­cias jus­ti­fi­ca­das por enfer­me­dad y licen­cia con­su­men su estan­cia en Palencia. En carta de 12 de diciem­bre de 1921 se dirige al Instituto –posi­ble­mente al Secretario o Director– para soli­ci­tar el envío de la docu­men­ta­ción aca­dé­mica que se con­ser­vara en Palencia. La lec­tura de la misma nos ofrece una visión muy humana del Dr. Catalán que, posi­ble­mente embe­bido en sus inves­ti­ga­cio­nes, mani­fiesta que le interesa mucho reci­bir todos esos docu­men­tos pero que “yo no se los que serán pero debe estar entre ellos mi Título pro­fe­sio­nal ¿no es ver­dad?”10 . No obs­tante, a pesar de esta bre­ví­sima estan­cia en nues­tro Instituto, recuerda con agrado a los pro­fe­so­res del Centro que cono­ció “en su visita” (sic).11

Su tras­lado a la ciu­dad de Ávila le acercó más a Madrid y le abrió las opor­tu­ni­da­des que real­mente bus­caba, siguiendo toda­vía en otro des­tino en el Instituto de Segovia un poco más tarde.

Sus inves­ti­ga­cio­nes en el Imperial College de Londres con Alfred Fowler y el pres­ti­gio cre­ciente en el uni­verso cien­tí­fico le hicie­ron reco­rrer Europa. En Alemania per­ma­ne­ció un tiempo en la Universidad de Munich por la inter­ven­ción de Arnold Sommerfeld, lle­gando a la Jefatura de la Sección de Espectroscopía en el Instituto Nacional de Física y Química de Madrid, creado con ayuda de la Fundación Rockefeller. Pasó cor­tas estan­cias en USA y única­mente la Guerra Civil acabó con sus espec­ta­ti­vas en la pri­mera línea de la espec­tros­co­pia. Ganador de dife­ren­tes pre­mios, entre ellos el nacio­nal de la Real Academia de las Ciencias y el inter­na­cio­nal Pelfort, sufrió la depu­ra­ción fran­quista. Casado con Jimena Menéndez Pidal, tuvo pro­ble­mas de impor­tan­cia12 y sola­mente regresó a su tra­bajo a par­tir de 1946. En 1950 fue Director del Departamento de Espectroscopía en el CSIC y dos años más tarde vol­vió a ocu­par el lugar que le corres­pon­día entre la Ciencia, siendo ase­sor de la Comisión Conjunta de Espectroscopia. La des­di­chada Guerra Civil y sus secue­las le pudie­ron apar­tar de un Premio Nobel. En 1995 se incor­poró a la Real Academia de Ciencias y ter­minó su vida aca­dé­mica con el reco­no­ci­miento que mere­cía su carrera pro­fe­sio­nal. La muerte le sor­pren­dió antes de pro­nun­ciar su dis­curso como Académico.

Para cono­cer más a D. Miguel Catalán Sañudo:

SANCHEZ RON J.M., “El exi­lio inte­rior de Miguel Catalán” en BALCELLS J.M. Y PEREZ BOWIE J.A., El exi­lio cul­tu­ral de la Guerra Civil, 1936 – 1939. Salamanca 2001.

ENLACES EXTERNOS:

Biografía de Miguel Catalán Sañudo

El exi­lio inte­rior de Miguel Catalán.pdf (edi­ción digital)

Documentación del A.I. del Jorge Manrique sobre Miguel Catalán Sañudo: Documentación Miguel Catalán Sañudo




Notas

  1. (1919, sep­tiem­bre 15. Madrid) AGA Caja 32. Legajo 8057. []
  2. (1919, enero 22, Madrid). Ibidem.[]
  3. En ese momento, el de la obten­ción de título de Catedrático de Bachillerato, pre­sen­taba nada menos que la publi­ca­ción de seis tra­ba­jos, tal y como vie­nen nume­ra­dos en la lista ante­rior para los seis pri­me­ros pun­tos, por la Junta para Ampliación de estu­dios e inves­ti­ga­cio­nes cien­tí­fi­cas den­tro de los tra­ba­jos del Laboratorio de Investigaciones Físicas – se deta­lla el número de esos cua­der­nos, 25, 35, 38-​I, 38-​II, 39 y 45– así como en los Anales de la Sociedad Española de Física y Química desde 1916 a 1920 –Tomo XIX (1916), p. 584; Tomo XV(1917) p. 222, 432 y 187; Tomo XVI (1918), p. 513; Tomo XVIII (1920), en pre­pa­ra­ción en el momento de su cita. Lo antes expli­ci­tado en la lista como pun­tos 7 y 8 se encuen­tran en 1920 en prensa para ver la luz en las actas del Congreso de las Ciencias, cele­brado en Bilbao en 1917, por la Asociación Española corres­pon­diente. Ibidem. []
  4. Se apunta que según comu­ni­ca­cio­nes de 26 de abril de 1918 y 15 de julio de 1918, res­pec­ti­va­mente. []
  5. Por R.O. de 27 de Octubre de 1917 y a pro­puesta de la Junta para amplia­ción de estu­dios e inves­ti­ga­cio­nes cien­tí­fi­cas le fué con­ce­dida una pen­sion por un año a razon de 650 pts men­sua­les, 1750 pts. para via­jes y 600 pts para mate­rial para estu­dios en los Estados Unidos, Quimica_​Fisica y Espectrografia (sic). Hoja de ser­vi­cios del pro­fe­sor Catalán Sañudo (exis­ten 3 ejem­pla­res). La mala redac­ción del ejem­plar con­creto que repro­du­ci­mos se puede enten­der mejor, en su última parte, con la lec­tura de otra copia, al que­dar claro que la can­ti­dad de 600 pts es para “mate­rial y matri­cula para estu­dios en los Estados Unidos Quimica , Fisica y Espectrografía”. Ibidem. []
  6. El Rector de la Universidad de Valladolid comu­nica al Director del Instituto de Palencia el nom­bra­miento de D. Miguel Catalán como Catedrático nume­ra­rio del Instituto de Ávila (Valladolid, 29 mayo de 1920). Ibidem. []
  7. Dicha copia, escrita a máquina, pre­senta tacha­du­ras y, sobre la fecha de 24 de febrero se ha escrito a mano, 1 de febrero. El 29 de abril tam­bién se regis­tra otro ofi­cio de remi­sión del Rector para comu­ni­car el ascenso de Don Miguel Catalán “cate­drá­tico nume­ra­rio del Instituto gene­ral y téc­nico de Palencia al número 480 del Escalafon gene­ral del Profesorado de Institutos, con la anti­güe­dad de dos de marzo de 1920 y sueldo, desde el mismo dia, de cinco mil pese­tas anua­les”. El 21 de febrero se recibe escrito del Rector de la Universidad para comu­ni­car el nom­bra­miento del pro­fe­sor Catalán, que ini­cial­mente per­ci­bía 4.000 pese­tas (1920, febrero 11. Valladolid). Ibidem. []
  8. AIJM Expediente Miguel Catalán. Caja 6, legajo 97. (1920, abril 6. Madrid). Ese mismo día, Miguel Catalán se dirige en carta manus­crita a D. Prudenciano Maté, habi­li­tado del Instituto, para darle las gra­cias por la liqui­da­ción de habe­res, y agra­de­cer que “no pon­gan nada en el trá­mite de la licen­cia de los 15 días que he dis­fru­tado”. El docu­mento con­serva el mem­brete de imprenta con el nom­bre de Miguel A. Catalán y al otro lado, a mano, apa­rece el domi­ci­lio, que no es otro que la Residencia de Estudiantes de Madrid, Pinar 15, Madrid.Ibidem. []
  9. La carta está datada en Palencia, en abril (sin fijar día) de 1920. Ibidem. []
  10. 1921 diciem­bre 12. Madrid. Carta autó­grafa fir­mada por Miguel Catalán. AIJM Caja 6, legajo 97. []
  11. De V. muchos recuer­dos de mi parte a todos los de ese Claustro que tuve el gusto de cono­cer en mi visita y sabe es siem­pre buen amigo”. Ibidem. []
  12. Resulta intere­sante la con­sulta de la direc­ción de inter­net pro­puesta al final, que incluye un artículo del libro de Balcells J. Mª y Pérez Bowie eds,El exi­lio cul­tu­ral de la Guerra Civil, 1936 – 1939. Salamanca 2001 (“El exi­lio inte­rior de Miguel Catalán”, de Sánchez Ron J. M.) que sitúa per­fec­ta­mente la ambien­ta­ción del momento siguiente al inicio de la con­tienda, basán­dose en infor­mes del expe­diente de depu­ra­ción del pro­fe­sor Catalán. []

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Eduardo García de Diego

EDUARDO GARCÍA DE DIEGO (1886 — )

Nacido en Soria en 1886 cursó estu­dios de Filosofia y Letras, con título expe­dido el 21 de noviem­bre de 1906. Había per­ma­ne­cido como beca­rio (1912−1913) en el Centro de Estudios Históricos, Sección de Filosofía1. Durante ese mismo curso revisó archi­vos de la pro­vin­cia de Huesca y tam­bién ejer­ció como pro­fe­sor de Latín en la Residencia de Estudiantes.

Ganó por opo­si­ción la Cátedra de Latín del Instituto de Baeza en 1913 (nom­bra­miento RO 6 mayo de 1913 y toma de pose­sión del 19). Por con­curso de tras­la­dos llega en 1914 a Palencia (RO 4 agosto de 1914 y toma de pose­sión de 1 de sep­tiem­bre)2.

Durante el tiempo que pasó en Palencia tuvo pro­ble­mas de salud. Se con­serva un ofi­cio de 10 de Mayo de 1918 en que el Vicedirector del Instituto, D. Pedro Muñoz, eleva al Subsecretario del Ministerio la soli­ci­tud de D. Eduardo de un mes de licen­cia por enfer­me­dad3. lo que es con­tes­tado afir­ma­ti­va­mente el 17 de ese mismo mes, por con­ducto ofi­cial4.

El año 1918 había resul­tado com­pli­cado para el pro­fe­sor García de Diego, y las ausen­cias se van acu­mu­lando: licen­cia para per­ma­ne­cer en Madrid por asun­tos de fami­lia en febrero,5 par­ti­ci­pa­ción en opo­si­cio­nes para las pla­zas de Burgos y Huesca en marzo.6 Y es que su situa­ción en Palencia parece acon­se­jarle el cam­bio de aires: con­ser­va­mos carta per­so­nal del pro­fe­sor García de Diego a D. Prudenciano Maté para que trans­mita con la mayor bre­ve­dad posi­ble la ins­tan­cia de tras­lado para la plaza del Instituto de Badajoz 7.

Causará baja en el Instituto de Palencia el 30 de Junio de 1918 por pasar al Instituto de Vitoria8. El Subsecretario comu­nica ese tras­lado al Director del Instituto de Palencia el 24 de Junio.

Volvemos a encon­trar noti­cias del pro­fe­sor García de Diego en 1940. En el BOE de 16 de marzo, entre la lista de los tri­bu­na­les de opo­si­cio­nes a Cátedra de Institutos (O. 14 febrero) apa­rece como uno de los tres voca­les titu­la­res para la asig­na­tura de Latín. También, en ese mismo año (BOE 1 marzo 1940), en el reajuste de esca­la­fón, figura en la cuarta cate­go­ría, con sueldo de 14.400 pts.

Sabemos por una rela­ción exhaus­tiva de las Cátedras de Latín y Griego en los Institutos de España a fecha 27 de Abril de 1951, publi­cada en la “Revista de Estudios Clásicos”, que ocu­paba la Cátedra de Latín del Instituto “Beatriz Galindo” en Madrid. A mayor abun­da­miento, y teniendo como fuente la misma revista, apa­rece como Presidente del Tribunal de Oposiciones a Cátedras de Filología Griega de Madrid y La Laguna (BOE 6 abril 1951), aun­que le fue admi­tida la renun­cia (BOE 24 mayo). Con la misma fuente de infor­ma­ción hemos com­pro­bado que vuelve a ser Presidente suplente del Tribunal de Oposiciones a Cátedras de Lengua y Literatura Latina de Valencia y Murcia (BOE 18 mayo y 23 de 1951).

Formó parte del Comité de Redacción de la Revista de Estudios Clásicos, junto a figu­ras de la talla inte­lec­tual en el mundo de los estu­dios clá­si­cos como Manuel Fernández-​Galiano, Antonio Magariños, Eduardo Valentí y Francisco Rodríguez Adrados (cf. revista de Junio de 1951).

Fue her­mano de otro insigne hom­bre de letras: D. Vicente García de Diego, miem­bro de la RAE y autor, entre otras mono­gra­fías, de una exhaus­tiva y muy válida Gramática his­tó­rica Española.

Conservamos adjunto a la docu­men­ta­ción per­so­nal de D. Eduardo García de Diego la reso­lu­ción del expe­diente de valo­ra­ción de su tra­bajo “Elementos de Gramática latina (Histórico-​comparativa), que es valo­rado como de “mérito para los ascen­sos a que aspire el autor en su carrera”9 y el de la “Gramática Latina, pri­mera parte”, que recibe idén­tica valo­ra­ción, tras informe de la Real Academia Española10 . Por otro lado, se con­serva el rea­li­zado por el pro­fe­sor D. Pedro Muñoz Sanz a ins­tan­cias del Director del Instituto de Palencia, que puede resul­tar de gran inte­rés para los inves­ti­ga­do­res11.

SELECCIÓN DE PUBLICACIONES DEL PROFESOR GARCÍA DE DIEGO:

  • Ejercicios de Lengua Latina. Murcia, 1931 (3ª edic.).
     
  • Ejercicios y tro­zos lati­nos de pri­mero y segundo curso. Valladolid, 1918.
     
  • Elementos de Gramática Latina (his­tó­rico– com­pa­ra­tiva). Valladolid, 1918.
     
  • Glosarios lati­nos del Monasterio de Silos. Murcia, 1934.
     
  • Historia judi­cial de Aragón en los siglos VIII al XII. Madrid, 1934.
     
  • Método de len­gua griega, pri­mero y segundo curso. Parte pri­mera:Gramática. Parte segunda: Ejercicios. Madrid, 1942.
     
  • “Historia judi­cial de Aragón en los siglos VIII al XIIAHDE 11 (1934).

Documentación del A.I. del Jorge Manrique sobre Eduardo García de Diego: Documentación sobre Eduardo García de Diego




Notas

  1. Cf. el artículo de José Mª López Sánchez, “El Centro de Estudios Históricos: Primer ensayo de la Junta para Ampliación de Estudios en tra­ba­jos de inves­ti­ga­ción” publi­cado en el libro de O. Ruiz Manjón A. Langa, Los sig­ni­fi­ca­dos del 98. La socie­dad espa­ñola en la géne­sis del siglo XX publi­cado por la Universidad Complutense de Madrid, Madrid 1999 (p. 669 – 681). Por él sabe­mos que D. Eduardo Gª de Diego fue uno de los prin­ci­pa­les cola­bo­ra­do­res inves­ti­ga­do­res de D. Ramón Menéndez Pidal en la Sección del C.E.H. en la Sección dedi­cada a los “Orígenes de la Lengua Española”; se puede citar, ade­más, a inte­lec­tua­les como Américo Castro, Federico de Onís, Tomás Navarro Tomás, entre otros. []
  2. AIJM Expediente per­so­nal del pro­fe­sor D. Eduardo García de Diego. Caja 7. Legajo 104. []
  3. Ilmo. Sr. Tengo el honor de remi­tir á V.I. ins­tan­cia que á su res­pe­ta­ble auto­ri­dad eleva el Catedrático de este Instituto D. Eduardo García de Diego, que soli­cita se le con­ceda un mes de licen­cia por enfermo (…)” Firma autó­grafa de Pedro Muñoz, Vicedirector (1918, mayo 10. Palencia). Había pade­cido “una fie­bre gri­pal” en el mes de junio del año 1917 que le hace per­ma­ne­cer en Burgos (1917, junio 1. Burgos). Vid.Expediente per­so­nal del pro­fe­sor D. Eduardo García de Diego. Ibidem. []
  4. Oficio diri­gido por la Subsecretaría de Institutos al Director del Instituto de Palencia (1918, mayo 17. Madrid). Dicha comu­ni­ca­ción se trans­mite al Inspector General con fecha 23 de mayo de 1918. Desconocemos si se trata de la amplia­ción de una licen­cia de 15 días que se le con­cede para via­jar a Madrid y que tam­bién se ha remi­tido a la Inspección por el vice­di­rec­tor del Instituto de Palencia (1918, mayo 1. Palencia). En abril se había reci­bido un tele­grama de la Subsecretaría de Instrucción Pública auto­ri­zando 15 días de per­miso a dicho pro­fe­sor, des­co­no­ciendo si se trata de per­miso por enfer­me­dad o con­ce­sión de otro tipo de licen­cias. Ibidem. []
  5. Instancia al Director del Instituto de Palencia para soli­ci­tar un periodo de 15 días para “resol­ver asun­tos de fami­lia” (1918, febrero 22. Palencia) y con­tes­ta­ción de aquél resol­viendo favo­ra­ble­mente ese mismo día, con firma autó­grafa. Ibidem. []
  6. El pro­fe­sor García de Diego comu­nica al Director del Instituto que asis­tirá, en cali­dad de opo­si­tor, a las cáte­dras de Latín de los Institutos de Burgos y Huesca (1918, marzo 9. Madrid). []
  7. Carta autó­grafa que repro­du­ci­mos en anexo (1917, julio 26. Granja del Plantío). []
  8. Expediente per­so­nal del pro­fe­sor D. Eduardo García de Diego. Borrador con tacha­du­ras y apunte de firma del Director. En carta a D. Prudenciano Maté en mayo de 1918 le envía ins­tan­cia para soli­ci­tar tam­bién la plaza de Vitoria, demos­trando que en el mes de mayo se encon­traba toda­vía en Madrid, estando fuera de su plaza en el Instituto de Palencia (1918, mayo 14. Madrid). []
  9. Resolución del expe­diente incoado a ins­tan­cias de D. Eduardo García de Diego para la valo­ra­ción de la obra citada (1918, mayo 30. Madrid). Ibidem. []
  10. Resolución que se remite al Director del Instituto de Palencia para comu­ni­ca­ción del intere­sado (1918, abril 28. Madrid). []
  11. Informe manus­crito del cate­drá­tico D. Pedro Muñoz Sanz (1917, diciem­bre 6. Palencia). []

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